lunes, 28 de enero de 2013

Versos del Camino II



IV
Eres Uno con lo humano
Uno también con Jesús
De lo divino, Un hermano
¡Aprovecha tú está luz!

 
V
Quien quiere algo del Bendito
Se convierte en mercenario
Mas quererlo a Él solito
Te convierte en millonario.


VI
Si oras para ganar
Bendiciones, estás loco
Y si pides evitar
Males, es que sabes poco.
Ora y que sea para ser
Uno con aquel Maestro
Que te ayudará a entender
Del Misterio, todo presto.

Versos del Camino



I
Adquiere sabiduría
Quien ve su ego de vero
Y aprende a volverlo cero
Y obtiene de ello alegría.

II
Nada avanza, mas tropieza,
Quien su propio saber mira
Y se inmola a sí en la pira
De semejante torpeza.

III
Lo que hay, y esto es un hecho,
-          Si lo crees, vas con razón -
De más profundo en tu pecho
Es del Rabbí el Corazón.

viernes, 25 de enero de 2013

De Jesús para ti (2)



"Yo estoy en ti como un amigo en casa de su amigo, como un huésped en casa de su huésped. Me he adueñado de tu corazón, es mío, es por Mí por quien no cesa de latir. 

Soy Yo quien lo mueve. Soy el peso que lo arrastra, la fuerza que lo acciona, la luz que lo dirige y le indico el camino por el que debe avanzar. Lo he transformado espiritualmente en mi propio Corazón, es mi propio Corazón. 

Estoy, pues, dentro de ti, en lo más íntimo de ti mismo. En un verdadero sentido, soy Yo más tú que tu mismo por ese amor que te transforma en Mí. 

Un solo espíritu y, por consiguiente, un solo Corazón para siempre."

De Jesús para ti



"Vive en Mí por el recuerdo constante de mi Nombre y por la mirada callada y amorosa de tu alma. Vive en Mí.


Aliméntate de Mí, procura conocerme, no sólo desde fuera, sino desde dentro. Lee hasta el fondo de mi Corazón y no te canses de esta tarea; que ella sea tu único negocio, la ocupación total de tu vida. Persiste en ella como fuente de toda tu alegría.

Únete fuertemente a Mí por el amor, únete apasionadamente como dos amantes que se encuentran luego de estar ausentes; únete a Mí con todas las fuerzas de tu corazón enamorado. Esta es la carga y el yugo del que hablé, que es carga ligera y yugo suave.

¡Ámame!"

jueves, 17 de enero de 2013

El Hombre del Corazón

La primera vez que se dejó ver por mi fue cuando yo tenía casi 5 años de edad. 

Me encontraba jugando en el patio de la vecindad donde vivíamos (siempre he sido más bien pobre) cuando mi madre salía a llamarnos para comer. Mis hermanos menores, siempre más obedientes que yo, dejaron al instante el juego y corrieron a la cocina, la verdad es que yo me entretuve un poco más en el patio.

De pronto, mientras estaba agachado levantando unos juguetes, noté que todo cambiaba, me daba cuenta que mi sombra se hacía extraña; levanté la vista y noté que las cosas, los objetos alrededor, se veían claramente más "blancos", no como si brillaran, pero sí como si una luz especial cayera sobre ellos.

Levanté la mirada al cielo porque me daba cuenta que todo venía del sol. Efectivamente, la luz del sol era distinta, absolutamente distinta a la ordinaria: más suave (no me lastimaba los ojos mirar directamente al astro) más "cálida", y no era blanca, sino azulada [como comprenderás, no puedo describir exactamente lo que ví, no soy capaz ni aún cuando han pasado años]

Miraba al sol y de pronto, enmedio de la luz balnco azulada, cálida y brillante, aparecía un hombre. Lo miraba, pero no puedo describir su rostro ni rasgos particulares, es decir, no sé si era bello o feo, si era rubio o moreno, si tenía el pelo de tal o cual manera. 

Lo que sí pude percibir fue una intensa sonrisa... Dios, es la sonrisa más hermosa, más humana, más amorosa, más..... que nunca he visto [esto me hace pensar que sí vi su rostro, pero que no lo recuerdo o siemplemente que no soy capaz de describirlo porque no tengo registros en mi memoria para hacerlo. Sólo Dios lo sabe]

Yo me quedé enajenado viéndolo sonreír... no me movía, no porque no pudiera, sino porque no quería dejar de verlo, sabía que si lo hacía, moriría de dolor. 

En eso, el Hombre buscaba entre sus ropas, con  el gesto que hace un hombre que quiere sacar el bolígrafo de la bolsa de su camisa cuando tien un saco puesto. Cuando "sacaba" su mano de entre la ropa, ví que tenía un objeto en ella. Al momento me tendía el objeto.

A pesar de la distancia entre el sol y yo, la mano del Hombre llegó justo frente a mis ojos de niño y ví que lo que tenía en la mano era su Corazón, que palpitaba.

El gesto era claro: quería que tomara su Corazón, me lo estaba dando. 

Cuando iba extendiendo mi mano para recibir el Corazón, mi madre salió al patio y me gritaba. Escuché su voz en la lejanía, pero la reconocí y volví el rostro para verla. Al hacer esto, la luz, el Hombre y el Corazón ya no estaban. Todo había vuelto a la realidad.

Nunca supe que había sido esto. Supuse que todas las personas podían haber visto cosas como esa.

Años después supe que no y entendí quién era ese Hombre: Jesús, mi Maestro, mi Amado.