Dicen los Mestros: Todo es Dios.
Si acertamos a creer esta verdad, llegaremos pronto a la conclusión de que NO estamos separados de Dios, No hay un lugar donde Dios esté y un sitio donde no esté, que NO tenemos que "llegar a Dios" porque en Dios somos...
Si reflexionamos un poco más, llegaremos a la conclusión de que si TODO ES DIOS, y yo soy parte de ese todo, yo soy Dios, ni siquiera existo por mí mismo, el que soy no es realmente.
El Evangelio de Tomás nos conserva una frase de Jesús: "Levanta la roca, ahí estoy. Parte la madera, ahí me encuentro" parafraseando podemos decir "Mira tu ser, ahí estoy yo. Observa tu cuerpo, ahí me encuentro".
Esta Unidad fundamental y fundacional de todo lo creado es lo que los místicos experimentan: Todo lo que parece existir como no-Dios (las cosas, el universo, los animales, la mente, el cuerpo, las emociones) en realidad es una expresión de Dios mismo. Jugando con nuestro limitado lenguaje podemos decir que las cosas, los seres somos "Dios en forma de...." o "Dios manifestado como..."
Entonces, Dios es esta vida, Dios es esta historia, Dios es cada cosa, Dios es cada animal, Dios es cada humano (y todas las cosas, toda la vida, todos los seres, todas las historias de todos los mundos, claro está) Beber la vida es entrar en comunión con Dios.
Y la vida completa, pues, no sólo la vida religiosa o la vida espiritual, sino TODA la vida: beber el agua, cantar la canción, besar unos labios, orar, meditar, ir de compras, tener sexo.... todo, absolutamente todo es Dios y, por ello, posibilidad de comunión con Él.
¡Pero si acabamos de decir que Él es todo! ¿Cómo es eso de "entrar en comunión" con Quien estamos unidos?
No se trata de CREAR la comunión, pues ésta es dada en la esencia misma del universo. No "entramos" en comunión con nada ni con nadie.
Se trata de SER CONSCIENTES de la comunión que es el fundamento de todo.
Los preceptos religiosos, las prácticas espirituales no son otra cosa que medios de recordar lo que hemos olvidado: Dios es Uno, uno es Dios; Dios es Todo, todo es Dios.
En nuestra tradición, el Recordar a Dios con la invocación de su Nombre es un medio. Sentarnos en la Presencia del Bendito es un medio para hacernos cada vez más conscientes de la Unidad que subyace en todas las cosas, de la Unidad que sostiene mi ser en la existencia.
Si no hemos experimentado la Unidad, sigamos practicando hasta que se nos conceda.
Si la hemos experimentado, sigamos practicando para no olvidarla.
"El Mesías está en tu corazón - dice Jesús - síguelo ahí"