jueves, 22 de noviembre de 2012

¡Oh sorpresa!



Dios es Todo
Y está en todo.

Dios es el agua que bebo
El aire que respiro
La sangre que recorre mis venas
La conciencia con la que me doy cuenta.

Dios es el amor que puedo sentir
El beso de cariño que doy
Y la caricia de pasión que me enciende.

Dios es la música, la poesía, la forma y el color.
Lo suave, el perfume y la belleza.
Dios es el árbol, la planta y el abejorro
El ave, la mofeta y el delfín.

Dios es Dios, sin duda alguna,
Y fuera de Él no hay otro ser.

Y ¡Oh sorpresa!
Dios también es yo en forma humana
Porque “yo” no soy verdad, sino apariencia
Que acabará cuando la finitud se desvele
Y no quede más que Él
Que siempre ha sido.

De la Unidad a la conciencia de la Unidad

Dicen los Mestros: Todo es Dios.

Si acertamos a creer esta verdad, llegaremos pronto a la conclusión de que NO estamos separados de Dios, No hay un lugar donde Dios esté y un sitio donde no esté, que NO tenemos que "llegar a Dios" porque en Dios somos...

Si reflexionamos un poco más, llegaremos a la conclusión de que si TODO ES DIOS, y yo soy parte de ese todo, yo soy Dios, ni siquiera existo por mí mismo, el que soy no es realmente.

El Evangelio de Tomás nos conserva una frase de Jesús: "Levanta la roca, ahí estoy. Parte la madera, ahí me encuentro" parafraseando podemos decir "Mira tu ser, ahí estoy yo. Observa tu cuerpo, ahí me encuentro".

Esta Unidad fundamental y fundacional de todo lo creado es lo que los místicos experimentan: Todo lo que parece existir como no-Dios (las cosas, el universo, los animales, la mente, el cuerpo, las emociones) en realidad es una expresión de Dios mismo. Jugando con nuestro limitado lenguaje podemos decir que las cosas, los seres somos "Dios en forma de...." o "Dios manifestado como..."

Entonces, Dios es esta vida, Dios es esta historia, Dios es cada cosa, Dios es cada animal, Dios es cada humano (y todas las cosas, toda la vida, todos los seres, todas las historias de todos los mundos, claro está) Beber la vida es entrar en comunión con Dios.

Y la vida completa, pues, no sólo la vida religiosa o la vida espiritual, sino TODA la vida: beber el agua, cantar la canción, besar unos labios, orar, meditar, ir de compras, tener sexo.... todo, absolutamente todo es Dios y, por ello, posibilidad de comunión con Él.

¡Pero si acabamos de decir que Él es todo! ¿Cómo es eso de "entrar en comunión" con Quien estamos unidos?

No se trata de CREAR la comunión, pues ésta es dada en la esencia misma del universo. No "entramos" en comunión con nada ni con nadie.

Se trata de SER CONSCIENTES de la comunión que es el fundamento de todo.

Los preceptos religiosos, las prácticas espirituales no son otra cosa que medios de recordar lo que hemos olvidado: Dios es Uno, uno es Dios; Dios es Todo, todo es Dios.

En nuestra tradición, el Recordar a Dios con la invocación de su Nombre es un medio. Sentarnos en la Presencia del Bendito es un medio para hacernos cada vez más conscientes de la Unidad que subyace en todas las cosas, de la Unidad que sostiene mi ser en la existencia.

Si no hemos experimentado la Unidad, sigamos practicando hasta que se nos conceda.

Si la hemos experimentado, sigamos practicando para no olvidarla.

"El Mesías está en tu corazón - dice Jesús - síguelo ahí"

jueves, 1 de noviembre de 2012

Él es todo, todo es Él



Dice un antiguo himno cristiano celta: “Cristo en mí. Luz sobre mí. Tierra debajo de mí. Amor que me rodea”

La luz que brilla sobre mí es Él. La tierra que pisan mis pies, es Él. El aire que respiro, es Él. El alimento que como y el agua que bebo – frutos de la tierra y regalo del cielo – son Él.

Cada paso que doy, lo doy en Él. El bosque, la ciudad, el metro, mi casa…. Mientras sea “tierra bajo mis pies” son Él.

Todo amor que me rodea: mis padres, mis amigos, mi pareja, mi perro… todo amor que me rodea es Él. Y todo amor con el que yo rodeo a otros seres es Él, porque ¿no es el Amor su naturaleza más íntima?

Él es en mí y yo soy en Él. Vivir en mí y vivir en Él es mi más profunda realidad, mi más sólida identidad, mi más auténtica verdad. Soy un hombre habitado, parafraseando una poesía que leí, soy dos y más que dos, soy más que sólo yo mismo.

No hay relación más estrecha que la que hace que uno viva en el otro y el segundo viva en el primero, por eso decimos que la relación con Él es AMOR. Se trata de una relación inseparable, irrompible, eterna, que en este mundo es de dos, pero que luego será de UNO.

Pensar en esto la próxima vez que coma, que beba, que bese, que acaricie, que camine, que respire, que ve, que escuche… Todo es Él. Eso es lo que llamamos AMOR de Dios por nosotros.