jueves, 20 de octubre de 2011

Mi credo

1.- Creo que la realidad divina es UNA, inefable, inasible y eterna, por ello sé que todo conocimiento humano es limitado, frágil y “penúltimo”.

 2.- Creo que la realidad divina es la fuente y el origen de todo. Sabiendo que no tiene nombre, pues su esencia está más allá de palabras y conceptos humanos, la invoco como “El Buen Dios”, porque ese título refleja la experiencia fundante de Jesús.

3.- Creo que la expresión “El Buen Dios” no encierra (ni pretende hacerlo) a la divinidad en un género. Tampoco agota (no puede hacerlo) otras expresiones de fe válidas como: Padre, Amigo, Hermano, Esposo, Amado.

4.- Creo que El Buen Dios es el origen de todo lo que existe. Que me ha formado a partir de la esencia de su propio Corazón y que me ha pedido encarnarme en su mundo para vivir esta vida humana con todas sus implicaciones.

5.- Creo que esta vida es un camino de regreso al Buen Dios, luego de haber experimentado esta realidad y aprendido a amar en ella.

6.- Creo que Jesús es la máxima y más hermosa encarnación del amor del Buen Dios, encarnación que se “hace carne” en mí, en lo más íntimo de mi corazón.

7.- Creo que Jesús se hizo cercano a los pobres, a los humillados, a los excluidos de su tiempo – que lo eran sobre todo por razones religiosas – y, tomando su defensa, les anunció el amor del Buen Dios poniendo manos a la obra para hacerlos conscientes de su dignidad, promoviendo su re integración social y denunciando todos los mecanismos que provocaban la situación inhumana de que eran víctimas.

8.- Creo que Jesús fue considerado blasfemo, excomulgado y asesinado por los líderes religiosos y políticos de su tiempo. Su muerte es consecuencia de sus opciones de vida.

9.- Creo que Jesús, luego de su muerte, ha entrado definitivamente a la realidad divina, siendo unificado en la esencia del Buen Dios de donde “nació”.

10.- Creo que Jesús es UN Camino al Corazón del Buen Dios, el Camino que yo he sido llamado a seguir, y que NADA puede separarme de su Amor.

11.- Creo que la vida de Amor al Buen Dios y servicio a mis hermanos y hermanas es suficiente para dar sentido a la existencia. No espero una “vida eterna”, no pienso en ella, no la busco. Me basta vivir amando al Buen Dios y sirviendo sencillamente a mis hermanos y hermanas. SI mi muerte es mi desaparición en la nada, recuerdo esperanzado que la Nada es uno de los rostros del Buen Dios.

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