Es el siervo. Dios ha realizado su obra
a través de Él. Él se mueve en las manos de Dios. Dios lo ha distinguido y lo
ha hecho el líder de su creación. Es la posesión privada de Dios, el objeto de
la predilección divina, la mina de los secretos del Amado. Es el látigo de Dios
en la tierra, por él Dios juzga a su creación entera, y por buscarlo a él, Dios
levanta a los corazones muertos y los torna a sí. Por él Dios reafirma su amor a la humanidad.
Él es la llave del camino recto, la luz del mundo. Él es el más fiel de todos los
santos y su líder, por lo que todos, a una voz, glorifican a su Señor por tan
excelso mensajero. Dios lo ha exaltado sobre todo nombre, y en su vista se
deleitan todos los mensajeros de Dios.
Dios ha capturado su corazón y lo ha
poseído desde el comienzo de sus días. Dios le ha dado su gracia, su sabiduría,
por lo que él ha sido apartado del egoísmo y de la más mínima sombra del deseo
de lo que no es su Señor. Dios confía en él y le ha revelado sus misterios y
conocer su Corazón altísimo.
Él es el amo de los nombres, la virtud
que los sabidos desean; él es la sanación de toda medicina y el más grande de
los sanadores.
Su voz hace cautivos los corazones, su
mirada es salud para el alma. Su cercanía extingue los vanos deseos, su
cercanía limpia las impurezas.
Él es la primavera que da botones
fragantes que duran eternamente; es el verano que nos trae frutos sabrosos y
abundantes; es el calor que entibia la piel y el refugio que refresca del
estío.
El sello de toda santidad es Jesús."
M. Anderson
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