Yo estoy en tí como un amigo en casa de su amigo, como un huésped en casa de su huésped. Me he adueñado de tu corazón, pero me he adueñado sin violencia, porque tú me lo has entregado. Voy arrojando de él todo aquello que lo endurece a fin de que sea totalmente mío; es para Mí y por Mí por quien no cesa de latir en tu pecho.
Soy Yo quien lo mueve. Soy el peso que lo arrastra, la fuerza que lo acciona, la luz que lo dirige y le indico el camino por el que debe avanzar. Lo he transformado en mi propio Corazón para que ame lo que Yo amo. Tu corazón es mi propio Corazón, y lo es un poco más y un poco mejor cada día.
Estoy, pues, dentro de tí, en lo más íntimo de tí mismo. En un cierto y muy verdadero sentido, soy Yo más tú que tú mismo por ese amor que te va transformando en Mí.
Somos un solo espíritu, por consiguiente, un solo Corazón para siempre.
Te pido que creas en ello.
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