martes, 19 de junio de 2012

La dimensión (final)


¿Práctica espiritual?

En este punto podremos cuestionar si el tema del que hablábamos era la práctica espiritual del sufí de Yeshua, ¿por qué no hemos hablado de práctica espiritual, sino de otras cosas? Es decir, si no hablamos de oración, de meditación, de ayuno, de vigilias, de limosna, de ascesis, de vestir de una manera, de orar de un modo… ¿estamos hablando de práctica espiritual?

Sí, desde la perspectiva concreta de Yeshua.

Con todo lo que hizo y dijo, Yeshua pretendía cambiar la perspectiva de sus oyentes: no poner en el centro de la vida a la religión, sino a Dios y – por Dios – al ser humano hijo de Dios y amado de Dios.

Y es que la trampa más frecuente en el ámbito de las religiones es terminar poniendo en el centro una idea sobre Dios, una forma de dar culto, un método de oración y un cierto camino de relación el Dios que privilegie la intimidad, la conciencia de grupo, el elitismo y la hipocresía.

Siempre será más fácil conformarse con una divinidad que se contenta con dos horas de culto a la semana, que con Abba que nos pide la vida entera. Es más fácil adorar a una divinidad “de los míos, los que son como yo, los que piensan como yo” que Abba, quien ha creado la diferencia y la multiplicidad. Es más sencillo creer que unos son buenos y están cerca de Dios (siempre los del propio grupo) que aceptar que Abba hace salir el sol y bajar la lluvia sobre todos sus hijos e hijas.

El dios de las religiones, al estar centrado en una forma de culto y adoración, al estar limitado a los espacios, lugares y tiempos religiosos, se convierte en un ídolo. Y la gente que adora a este ídolo se vuelve rígida y forma parte del colectivo que margina a los diferentes.

Un dios así, centrado en la religión, separa a la gente de la vida cotidiana y los pone al servicio del culto, en lugar de al servicio de los seres humanos o, cuando los pone al servicio de los seres humanos, busca servir desde el propio criterio y no desde las necesidades reales de la gente.

Y no se trata de horizontalismo, como si Yeshua fuera una especie de destructor de Dios. Se trata de enfocar bien los lentes para mirar al Dios del mundo y al mundo de Dios. Es una pasión por Abba que se convierte en compasión efectiva para con el universo, el mundo y los seres humanos, amados por Abba y creados por Él.

El acento de Yeshua, entonces, no es simplemente la religión, sino una religión que humanice – que nos haga mejores seres humanos – pero no sólo a un grupo de selectos, sino a todos los seres de este mundo.

El acento de Yeshua no es simplemente la espiritualidad, sino una espiritualidad encarnada, que sane, que promueva justicia, que cree fraternidad, que anime la solidaridad, que no excluya a nadie, que diga la verdad y asuma la causa de los despreciados  de este mundo.

Desde esta óptica, la hermanizción que nos propone Yeshua es saber que lo más valioso a los ojos de un Dios que es Abba, será el esfuerzo sincero de ser un mejor ser humano siendo hermano de todos los demás, porque no hay Abba sin hijos, y no hay hijos si no hay hermanos.

Las otras prácticas que hacemos: el uso del Tallit, el Ziker en silencio, la oración de amor silente, las reuniones de grupo, las celebraciones rituales (Navidad, Pascua) se comprenden y cobran sentido sí y sólo si son congruentes con la espiritualidad y el Espíritu de Yeshua.

Pues, para nosotros, sufíes de Yeshua, cualquier forma que asuma el hermanizarse, será, en resumidas cuentas, seguimiento del Maestro, cumplimiento de la voluntad de Abba y salvación para el mundo.

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