¿Práctica espiritual?
En este punto podremos cuestionar
si el tema del que hablábamos era la práctica espiritual del sufí de Yeshua,
¿por qué no hemos hablado de práctica espiritual, sino de otras cosas? Es
decir, si no hablamos de oración, de meditación, de ayuno, de vigilias, de
limosna, de ascesis, de vestir de una manera, de orar de un modo… ¿estamos
hablando de práctica espiritual?
Sí, desde la perspectiva concreta
de Yeshua.
Con todo lo que hizo y dijo, Yeshua
pretendía cambiar la perspectiva de sus oyentes: no poner en el centro de la
vida a la religión, sino a Dios y – por Dios – al ser humano hijo de Dios y
amado de Dios.
Y es que la trampa más frecuente
en el ámbito de las religiones es terminar poniendo en el centro una idea sobre
Dios, una forma de dar culto, un método de oración y un cierto camino de
relación el Dios que privilegie la intimidad, la conciencia de grupo, el
elitismo y la hipocresía.
Siempre será más fácil
conformarse con una divinidad que se contenta con dos horas de culto a la
semana, que con Abba que nos pide la vida entera. Es más fácil adorar a una
divinidad “de los míos, los que son como yo, los que piensan como yo” que Abba,
quien ha creado la diferencia y la multiplicidad. Es más sencillo creer que
unos son buenos y están cerca de Dios (siempre los del propio grupo) que
aceptar que Abba hace salir el sol y bajar la lluvia sobre todos sus hijos e
hijas.
El dios de las religiones, al
estar centrado en una forma de culto y adoración, al estar limitado a los
espacios, lugares y tiempos religiosos, se convierte en un ídolo. Y la gente
que adora a este ídolo se vuelve rígida y forma parte del colectivo que margina
a los diferentes.
Un dios así, centrado en la
religión, separa a la gente de la vida cotidiana y los pone al servicio del
culto, en lugar de al servicio de los seres humanos o, cuando los pone al
servicio de los seres humanos, busca servir desde el propio criterio y no desde
las necesidades reales de la gente.
Y no se trata de horizontalismo,
como si Yeshua fuera una especie de destructor de Dios. Se trata de enfocar
bien los lentes para mirar al Dios del mundo y al mundo de Dios. Es una pasión
por Abba que se convierte en compasión efectiva para con el universo, el mundo
y los seres humanos, amados por Abba y creados por Él.
El acento de Yeshua, entonces, no
es simplemente la religión, sino una religión que humanice – que nos haga
mejores seres humanos – pero no sólo a un grupo de selectos, sino a todos los
seres de este mundo.
El acento de Yeshua no es
simplemente la espiritualidad, sino una espiritualidad encarnada, que sane, que
promueva justicia, que cree fraternidad, que anime la solidaridad, que no
excluya a nadie, que diga la verdad y asuma la causa de los despreciados de este mundo.
Desde esta óptica, la hermanizción
que nos propone Yeshua es saber que lo más valioso a los ojos de un Dios que es
Abba, será el esfuerzo sincero de ser un mejor ser humano siendo hermano de
todos los demás, porque no hay Abba sin hijos, y no hay hijos si no hay
hermanos.
Las otras prácticas que hacemos:
el uso del Tallit, el Ziker en silencio, la oración de amor silente, las
reuniones de grupo, las celebraciones rituales (Navidad, Pascua) se comprenden
y cobran sentido sí y sólo si son congruentes con la espiritualidad y el
Espíritu de Yeshua.
Pues, para nosotros, sufíes de
Yeshua, cualquier forma que asuma el hermanizarse, será, en resumidas cuentas,
seguimiento del Maestro, cumplimiento de la voluntad de Abba y salvación para
el mundo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario