martes, 19 de junio de 2012

La dimensión social...

La lucha por la justicia

La justicia bíblica no es la justicia romana: dar a cada uno lo que merece. La justicia bíblica, la que pertenece a Dios, consiste más bien en dar a cada uno lo que necesita. Por eso la acción de Dios es salvar misericordiosamente a los que necesitan de salvación y en eso, en salvar, consiste el ejercicio de su justicia. Podemos decir, pues, que la justicia de Dios es “justificar”, más que “juzgar”.

Dar a cada uno lo que necesita es, sin duda, una justicia mayor que la justicia distributiva que depende de los méritos. Yeshua, inspirado por esta visión de la justicia divina profundamente enraizada en la tradición profética de Israel, buscaba dar a la gente lo que necesitaba:

a)      Ante quienes necesitaba salud, porque los médicos eran privilegio de los ricos,
b)      Ante los campesinos pobres que necesitaban un cambio,
c)       Ante las mujeres que necesitaban ser valoradas,
d)      Ante los pescadores que necesitaban saldar sus deudas,
e)      Ante la adúltera que necesitaba ser salvada de sus asesinos…


Yeshua busca ejercer la justicia, es decir, darles lo que necesitaban, a veces con su presencia, a veces con su trabajo, a veces con su sanación, a veces con su convivencia.

Para el sufí de Yeshua, la lucha por la justicia le requiere tener los ojos y el corazón bien abiertos para detectar las necesidades reales de las personas con las que trata y que no siempre son evidentes. Quizá se trata de necesidad de sentirse amados, acogidos, aceptados; quizá se trate se necesidad de ser escuchados, considerados; quizá sea necesidad de ser promovidos, animados, orientados; tal vez se trate de necesidad de ser reivindicados, atendidos; a lo mejor son necesidades materiales como alimento, dinero, ropa, medicinas, pero quizá se trate de necesidades más profundas: ejercicio de sus Derechos, reclamo de su dignidad, servicios educativos o de salud… Quizá sea necesidad de una relación saludable con Dios.

Detectar estas necesidades y hacer lo que estén en nuestras manos no para aliviarlas, sino para involucrar a las personas en su propio proceso de alivio, porque, recordemos, siempre es más justo entregar las posibilidades a quien requiere justicia que convertirnos en redentores usurpando el lugar que a ellos les corresponde, lo que es, además, un acto de injusticia.

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