Si el centro del mensaje de
Yeshua es la compasión, la lucha por la justicia y la integración de los
marginados del sistema; si el acento de su espiritualidad es la “humanización”
que es más bien “hermanización”, la
práctica de los sufíes que seguimos a Yeshua ha de girar en estas coordenadas
si quiere ser fiel a su Maestro.
Yeshua, cuando mira la miseria en
la que son obligados a vivir quienes se acercan a él buscando ayuda, siente
“que se le revuelven la entrañas” (significado literal del verbo griego usado
en los textos del evangelio) Esto es, por un lado, el sentimiento de compasión
que lo sacude al ver la situación en la está esta pobre gente, compasión que lo
toca y lo hiere en lo más hondo hasta – en ocasiones – arrancarle lágrimas de
dolor.
Por otro lado, las entrañas
revueltas apuntan a la ira, la “indignación ética” de la que hablarán los
filósofos, el sentimiento de coraje ante la vulnerabilidad del otro, ante la
opresión de que era víctima la mayor parte del pueblo pobre, que se vivía
indefenso ante el poder de Roma, de los sacerdotes o del Templo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario